Mantilla se raja en gobernabilidad
En la actualidad la Universidad Nacional se encuentra en medio de un escenario de anormalidad académica, específicamente las sedes Bogotá, Palmira y Medellín, siendo estas las que recogen el mayor porcentaje de la comunidad universitaria. Lo que inició como bloqueos parciales de los edificios de algunas de las sedes por parte de los trabajadores el […]
En la actualidad la Universidad Nacional se encuentra en medio de un escenario de anormalidad académica, específicamente las sedes Bogotá, Palmira y Medellín, siendo estas las que recogen el mayor porcentaje de la comunidad universitaria. Lo que inició como bloqueos parciales de los edificios de algunas de las sedes por parte de los trabajadores el pasado martes 14 de abril, se vislumbra hoy como la posibilidad de entrar en un paro generalizado, con apoyo de los tres estamentos de la universidad: estudiantes, trabajadores y profesores.
Uno de los puntos de convergencia de los tres estamentos universitarios ha sido el tema de la democracia universitaria y por tanto la referencia misma al tipo de gobierno que debe implementarse en la Universidad Nacional de Colombia. Este tema ha permitido que emerja un cuestionamiento respecto al estado de la gobernabilidad dentro de la Nacho.
Dado que en el presente, el tipo de gobierno en el que se enmarca el funcionamiento de la institución implica el direccionamiento del Consejo Superior Universitario como máximo espacio de decisión, empero, la realidad ha mostrado que el poder se concentra fundamentalmente en el rector de turno, es oportuno preguntarse por la gobernabilidad que posee el reelegido “Rector” Ignacio Mantilla.
En primer lugar es necesario ubicar una definición de gobernabilidad, de tal forma que es preciso mencionar, que algunos organismos multilaterales como la Organización de Naciones Unidas, entre otros, plantean definiciones de gobernabilidad democrática, que son aplicadas a instituciones de todo tipo y que se circunscriben al cumplimiento de objetivos, a la resolución de conflictos, al uso de la fuerza, etc., (Echebarría, 2004). Para nuestro caso definiremos gobernabilidad democrática a la capacidad que tienen las autoridades de ejecutar sus planes de trabajo, sustentado ello en legitimidad, en opinión publica favorable y la cooperación entre los distintos miembros de la institución, pero además la solución pronta, por vías de dialogo de los diferentes conflictos suscitados dentro del espacio de control.
En este orden se ha construido un indicador de gobernabilidad democrática compuesto por tres índices, que nos permitirán analizar el nivel de gobernabilidad obtenido por Mantilla en los últimos 3 años.
Índice de Normalidad Académica
Una primera parte de la gobernabilidad democrática gravita entorno a la posibilidad de llevar a cabo los planes de desarrollo planteados, a su vez para el caso de la universidad, poder desarrollar los cronogramas de clase en total normalidad, no obstante la Universidad Nacional tuvo durante este periodo alrededor de 25 jornadas de protestas, es decir, un promedio de 4 protestas por semestre, pero además, tres de ellas de larga duración, que significaron cese de actividad académica por más de dos semanas.
En la Tabla 1 podemos observar el número total de días que representan estas protestas, 99,5, que implican un 16% del total de días del periodo de gobierno, en jornada de movilización. A hora bien este porcentaje podría no parecer demasiado alarmante, sin embargo, si se compara con la duración aproximada de un semestre que es de 105 días, tenemos que la universidad ha cesado sus actividades académicas durante estos tres años prácticamente por un semestre.
En el mismo orden es preocupante que durante este periodo se hallan dado 14 órdenes de desalojo, del campus de la sede Bogotá. La formas en que se resuelven los conflicto es una variable supremamente importante, el desalojo como medida autoritaria y unilateral, solo proyecta una cosa, la inexistencia del dialogo.
Ahora bien el Índice de Normalidad Académica nos proyecta un 0.84, donde 1 es el cumplimiento perfecto del cronograma académico y cero el peor escenario, si bien este resultado no es malo existen distintos factores que aún se quedan por fuera, como la sistematización total de las protestas al interior de la universidad o incluso las diferentes amenazas que han dirigido grupos al margen de la ley hacia activistas universitarios (Ver comunicado 002 del 26/07/2012 y 004 del 12/12/2014 del Consejo de Sede de la Sede Bogotá). Por tanto puede decirse que si bien existe un relativo éxito en el desarrollo del cronograma académico, el porcentaje de días que ocupa la protesta dentro de la universidad es bastante importante.
Índice de Opinión Pública
Un segundo aspecto a tener en cuenta dentro de la gobernabilidad democrática es la receptividad que poseen en el exterior las políticas de gobierno que se implementan en la institución, más si estamos hablando de la Universidad Nacional de Colombia, la institución más destacada del país en términos académicos y que concibe dentro de sus fines misionales la reconstrucción del proyecto de nación, por tanto la gobernabilidad en la Nacho no se evalúa solo hacia adentro sino también hacia todo el país. Por ello, se recogió una muestra de 105 artículos, que hacían mención de la Universidad Nacional y de la gestión administrativa de la misma, de los portales de prensa con más visitas y reconocimiento, tanto respecto acceso a información como a opiniones de peso.
En la Tabla 2 podemos ver los resultados de esta revisión. De tal manera que encontramos que el Índice de Opinión Publica favorable a la gestión de Mantilla es solo de 0,21, donde cero refleja un total rechazo y 1 una total aceptación. Lo que nos permite concluir que existe un alto malestar con el actual ejercicio de gobierno. Siendo claro que los principales portales de información y opinión del país le han venido dando la espalda a la gestión del actual “rector”.
Por otro lado es más grave la situación si se analiza que por lo menos el 26% de los artículos favorables a la gestión de la actual administración son columnas de su propia autoría o entrevistas a él.
Índice de apoyo electoral
Por último la legitimidad de una administración se puede medir, también, a través de las votaciones, para el caso de la Universidad Nacional estas se realizan en una consulta que permite separar a los cinco candidatos con mayor votación de entre todos los postulantes a rector. Por otro lado la posibilidad que tienen los rectores en ejercicio de postularse para ser reelegidos es una posición bastante ventajosa, si se comprende que todo el periodo de gobierno puede entenderse como herramientas de campaña y a su vez que los logros obtenidos como argumentos de legitimidad; no obstante lo sucedido con Mantilla no fue, necesariamente, fiel reflejo de esto.
En la Tabla 3 se pueden observar los resultados obtenidos por Mantilla en las dos consultas, la del 2012 y la de 2015. En primer lugar es claro que el periodo de Mantilla como rector le sirvió bastante para mejorar la percepción que la comunidad universitaria tenia de él, pues en todos los estamentos el aumento de los votos recibidos supero el 100%; empero, si se observa la brecha entre él y el candidato más votado, esta no solo aumento en valores absolutos, sino que se incrementó en un 63%, de tal manera, que si bien al candidato rector lo beneficio su condición, no le alcanzo para ganar la legitimidad otorgada por las votaciones.
Ahora bien, si la brecha empezara a reducirse conforme aumenta la votación de Mantilla, este necesitaría mínimo tres periodos más para poder tener el total de legitimidad en las urnas que tuvo su último contendor, Mario Hernández.
En la Tabla 4 se puede observar los resultados del Índice de Apoyo Electoral, asignando una ponderación de 0,30 a la Variación del apoyo respecto a si mismo y de 0,70 a la Variación de la brecha respecto al candidato más votado, tenemos que el índice es de solo 0,054, donde 0 es un rechazo total y 1 es un total apoyo. Así pues tenemos que la legitimidad de Mantilla en las urnas es igual al dialogo que el mantiene con la comunidad universitaria, prácticamente nulo.
En este orden asignando una ponderación igual a cada uno de los índices (0,33) tenemos que el indicador de gobernabilidad democrática de Mantilla desde su posesión como “rector” hasta la actualidad es de 0, 3681 tal como se puede ver en la Tabla 5, donde cero es el peor escenario y 1 la gobernabilidad democrática de más alto nivel.
Deplorable, solo así puede calificarse esta situación de gobernabilidad en la Universidad Nacional, pero además también debe mencionarse que la decisión tomada el 25 de marzo por el Consejo Superior Universitario no es menos que humillante e indignante, tal vez haber publicado este articulo antes hubiese servido para ayudar a los consejeros a ver lo obvio, que Mantilla no tiene posibilidades de gobernabilidad democrática dentro de la Universidad Nacional.
Con este análisis además de pretende ubicar la incapacidad del actual “rector”, también debe permitirse ver que el problema no es la persona, sino la forma, este método de gobierno universitario es obsoleto y la creciente necesidad por la democracia universitaria implica nuevas herramientas que satisfagan la misma. El día de mañana se reunirá la comunidad universitaria en Asamblea triestamentaria allí se definirá el horizonte de esta movilización, el Congreso Universitario se presenta como una solución a estos bajos niveles de gobernabilidad democrática. A los miembros de esta comunidad no les queda menos que exigir la solución de los actuales conflictos y las garantías institucionales para el inicio de una reforma estructural del gobierno de la Universidad Nacional de Colombia.
Bibliografía
Echebarría, K. (2004). Objetivar la gobernanza: funciones y metodología. Una aproximación a la objetivación del análisis institucional a través de indicadores de gobernabilidad. Madrid, España: IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública.
*Miembro del Colectivo de Economía.Estudiante de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional.
@Leonardo_rojasr
[1] Esto no desconoce que los calendarios se hallan extendido simplemente ubica la dimensión del tiempo transcurrido durante los distintos conflictos.
En el siguiente enlace pueden encontrar la totalidad de las fuentes empleadas para la construcción de este indicador: https://drive.google.com/open?id=0B5ZVwztJV2xIdVl1QjdDR2FWejQ&authuser=0
Fuente: las2orillas.co
Susana Díaz defiende la universidad como clave estratégica
La presidenta en funciones preside en San Telmo la toma de posesión de Eduardo González Mazo, que repite como rector de la UCA SEVILLA, 15 Abr. (EUROPA PRESS) – La presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha defendido la concepción de las universidades como clave estratégica para la formación del […]
La presidenta en funciones preside en San Telmo la toma de posesión de Eduardo González Mazo, que repite como rector de la UCA
SEVILLA, 15 Abr. (EUROPA PRESS) –
La presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha defendido la concepción de las universidades como clave estratégica para la formación del capital humano y la renovación del modelo productivo en el marco de una comunidad autónoma que supone “la puerta a Europa y a África”.
Asimismo, Díaz, que este miércoles ha presidido en el Palacio de San Telmo de Sevilla la toma de posesión de Eduardo González Mazo como rector de la Universidad de Cádiz (UCA), cargo que ostenta desde 2011, ha dejado claro que la Junta mantiene su disposición a financiar el 100 por ciento de la universidad pública.
“Cuando se aclare el futuro del Plan Bolonia, se trabajará en ver si es posible otro modelo que mejore el actual”, ha asegurado la presidenta, que, no obstante, rechaza acometer cambios normativos movidos únicamente por “cuestiones económicas” –en alusión a la pretensión estatal de promover el modelo ‘3+2’, de tres años de Grado y dos de Máster– que supondrían “truncar las esperanzas de miles de jóvenes”.
Para la mandataria autonómica en funciones, la universidad es una “oportunidad para Andalucía”, “más allá de las aulas”, así como una “garantía de futuro” para los jóvenes. Así, ha señalado que mantiene el “diálogo al más alto nivel” con la comunidad universitaria para que forme parte en la definición “del modelo económico del futuro”.
En ese sentido, Díaz ha recordado que el Gobierno andaluz viene trabajando tanto para el retorno del talento de los jóvenes investigadores que han tenido que abandonar el país como para evitar que “sigan saliendo” a través de la implementación de planes de investigación.
Del rector de la UCA, ha señalado que es “un hombre comprometido con la universidad pública y con la excelencia”, un “trabajador incansable” que gestiona una institución clave en proyectos como las Inversiones Territoriales Integradas (ITI) o el Clúster de Cádiz.
LA UCA “HA AFRONTADO EL RETO”
Por su parte, durante su discurso, González Mazo, doctor en Química y catedrático de Química Física en la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales de la UCA, ha afirmado que la sede académica gaditana ha respondido a la tarea de “generar y transmitir conocimiento en un contexto de adversidades” y ha pedido un pacto de Estado por la educación.
Ha resaltado que su mandato ha transcurrido en “cuatro años muy complicados, condicionados por una crisis económica sin precedentes, que no hemos provocado pero que estamos padeciendo”, no obstante lo cual “nuestra comunidad universitaria ha dado respuesta a la tarea cotidiana de generar, transmitir y adquirir conocimiento y de aportar una considerable producción científica, de transferencia y servicios, y ha afrontado el reto de mantener la esencia de la universidad pública, contra viento y marea, en circunstancias adversas y bajo una delicada situación financiera”.
El rector se congratula de los acuerdos alcanzados con el Ejecutivo autonómico, si bien coloca en el ‘debe’ las actuaciones prioritarias por parte de la Junta en materia de financiación para una “correcta” planificación de tesorería y un calendario de pago de la deuda que garantice un funcionamiento “adecuado”.
“La oferta académica no se ha resentido sino que, antes al contrario, se ha enriquecido”, ha defendido González Mazo, que ve que la Universidad de Cádiz disfruta de un “gran potencial” para afrontar “un futuro espléndido y prolífico”.
También ha defendido la esencia de la universidad pública como “base de nuestro progreso social y económico”, por lo que ha afirmado la necesidad de “un contexto que dé solidez a nuestras acciones y planificaciones futuras. Hace falta un pacto de Estado que ponga a la educación por encima de otros intereses y que evite frenos normativos en el despliegue de nuestra docencia, investigación y transferencia”.
“Necesitamos un horizonte de estabilidad a medio y largo plazo, más allá de las incertidumbres y emergencias diarias, que asegure un modelo de financiación para nuestras universidades y provea unas reglas de juego firmes, que no cambien a cada paso”, ha apostillado.
El acto ha reunido a los consejeros en funciones de Presidencia y de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo, Manuel Jiménez Barrios y José Sánchez Maldonado, respectivamente, así como a los rectores de las universidades públicas andaluzas, a los secretarios de Universidades de Junta y Gobierno de España, familiares, amigos, miembros del equipo de gobierno de la UCA y una nutrida representación de la comunidad universitaria gaditana.
Fuente: Europapress.es
Ideas de universidad y educación superior
En sus mejores momentos, la universidad moderna fue pensada a partir de una idea constitutiva. Ideas como la libre determinación de la razón, según Kant; o la formación y el desarrollo personales (Bildung) basados en la unidad de las ciencias, según Humboldt; o la preparación de élites profesional-burocráticas para el Estado, según el ideal napoleónico; […]
En sus mejores momentos, la universidad moderna fue pensada a partir de una idea constitutiva. Ideas como la libre determinación de la razón, según Kant; o la formación y el desarrollo personales (Bildung) basados en la unidad de las ciencias, según Humboldt; o la preparación de élites profesional-burocráticas para el Estado, según el ideal napoleónico; o la educación liberal ( liberal arts ), rasgo distintivo del gentleman , según el cardenal Newman; o como sede de la más clara conciencia de la época, según Jaspers; o la formación del “hombre medio” culto, según Ortega y Gasset; o el compromiso social, la pertinencia y la transformación de las relaciones de poder según diversos pensadores latinoamericanos; o un conglomerado de comunidades, funciones y resultados (una multiversidad) al servicio de diversas expectativas y demandas, según Clark Kerr, ilustre rector de la Universidad de California, Berkeley, en los años sesenta; o el diálogo institucionalizado, pues “solo en el diálogo de las ciencias, las artes, la filosofía y las religiones puede hacerse posible la elaboración de auténtica cultura”, según el documento de Buga de 1967, suscrito por intelectuales de la Iglesia Católica, que tan fuerte impresión hizo sobre mi generación; o bien, finalmente, la idea de la responsabilidad por mantener la separación entre saber y poder, razón y performatividad, metafísica y dominio técnico, según Derrida.
A la luz de este esquemático recuento, la pregunta que debemos hacernos es qué ideas de universidad y de educación superior inspiran a las autoridades del gobierno encargadas de diseñar la reforma de este sector y, en general, a los directivos académicos -rectores, administradores, decanos y catedráticos- que representan las tradiciones y valores de la cultura universitaria.
Nada fácil de responder, debido a la relativa parquedad de ideas y palabras sobre estos tópicos en las altas esferas académico-gubernamentales. La deliberación pública -que justo en el sector universitario podría esperarse alcance un máximo de intensidad- apenas se ha insinuado tímidamente y, con frecuencia, solo como expresión de intereses corporativos o como evaluación de instrumentos financieros.
Así, el debate se dirige, por un lado, hacia la exigencia de mayores recursos para las universidades del Consejo de Rectores o, por el otro, hacia los temas de política pública relativos a la gratuidad universal o focalizada, costeada mediante créditos o impuestos, sujeta a reglas de mérito o de mera necesidad.
Y ni siquiera esas discusiones alcanzan un estatuto mínimamente reflexivo debido a la falta de antecedentes, justificaciones, argumentos y propuestas racionalmente articuladas. Mas bien se contiende y alega sobre la base de trascendidos, globos de ensayo, prejuicios o meras manifestaciones de deseos.
¿Dónde quedan entonces las ideas de universidad y de la educación superior que deberían presidir nuestra controversia de propuestas y opiniones e iluminar las encrucijadas que enfrenta nuestro sistema de formación terciaria? Guardadas en el desván de la memoria, o bien derechamente ignoradas.
Al contrario, campea una noción utilitaria de la universidad. Se la confunde con una armaduría de capital humano, una palanca de competitividad económica, una escalera para la movilidad social ascendente, una máquina de beneficios privados y públicos, un aspa dentro de la “triple hélice” integrada junto con la industria y el gobierno; en fin, una organización puesta al servicio de fines externos. Kant se revuelve en su tumba; Humboldt aprieta los dientes.
En efecto, los valores axiales de la institución -autonomía, razón ejercida en público, deliberación, reflexividad, autorregulación, conciencia, responsabilidad, cultura crítica- no aparecen por ninguna parte en los prolegómenos de la reforma. Infundada, por tanto; carente de fondo o principio.
Carente también de perspectiva de futuro, de horizonte. ¿Qué modelo de enseñanza queremos impulsar? ¿Cómo conviene formar a jóvenes destinados a vivir en un mundo de redes, intenso en conocimiento, de ocupaciones cambiantes, pluralismo de valores y multiplicación de los riesgos morales? ¿Cuáles son las competencias y las capacidades claves para convivir en un medio donde el individualismo coexiste con la presión de masas y el conformismo de las mayorías? ¿Cuánto peso otorgar a la información, los conocimientos y la sabiduría y qué balance trazar entre especialización y cultura general, entre entrenamiento y educación liberal?
Nada de esto parece importar al pensamiento pragmático predominante en los círculos académico-gubernamentales. Prima allí el afán por tornar gratuitos los diplomas y grados con la falsa ilusión de aumentar así el bienestar social; se desea que los estudios sean pertinentes, pero no exigentes; importa que la universidad atienda a los ruidos de la calle, no que guarde la distancia necesaria para pensar más allá del acontecimiento; interesa la conformidad con los mandatos de autoridad (civil o eclesiástica), no la libertad de enseñanza ni la disputatio académica que desde antiguo caracterizaron la vida intelectual de las universidades.
La reforma que a la postre resulte de este estilo de pensamiento no irá más lejos que un modelo de financiamiento, un cálculo de aranceles, una forma de distribuir recursos. Nada parecido, pues, a las ideas que dieron origen y trascendencia histórica a la institución de la educación superior.
“Los valores axiales de la institución -autonomía, razón ejercida en público, deliberación, reflexividad, autorregulación, conciencia, responsabilidad, cultura crítica- no aparecen por ninguna parte en los prolegómenos de la reforma. Infundada, por tanto; carente de fondo o principio”.
Fuente: El Mercurio /Blogs
Imagen: ASEPAR BIO BIO A.G.
Una crisis universitaria peor que crónica
Fuente: Europa Sur Imagen: Descubriendo Salamanca EL filósofo francés Michel Henry sostuvo hace tiempo que en nuestro tiempo se libra una densa y trascendente batalla entre la Cultura y la Ciencia, en beneficio inequívoco de esta última. La universidad en su conjunto parece haber tomado partido, y ésta es una de las razones de su […]
Fuente: Europa Sur
Imagen: Descubriendo Salamanca
EL filósofo francés Michel Henry sostuvo hace tiempo que en nuestro tiempo se libra una densa y trascendente batalla entre la Cultura y la Ciencia, en beneficio inequívoco de esta última. La universidad en su conjunto parece haber tomado partido, y ésta es una de las razones de su zozobra humanística actual.
Veamos. La universidad española de los setenta era un hervidero de ilusiones culturales. Una nueva generación, nacida en los cincuenta cuando España comenzaba a comer a diario y el analfabetismo retrocedía con la universalización educativa, arribaba a la vida universitaria. Esa generación había visto en las televisiones fugaces imágenes del sesenta y ocho francés. Por instantes se había emocionado, haciendo causa común con aquellos estudiantes galos que protestaban contra el Malraux gaullista porque había cerrado la Cinemateca francesa, lugar donde cada noche sobre la pantalla soñaban con mundos poéticos otros.
Pero no todo eran ilusiones. Para quienes llaman los libros de Historia los “tecnócratas”, su preocupación -acertada, como luego ha demostrado el devenir- residía en consolidar una clase media que sirviese de amortiguador de conflictos como los vividos en los años treinta por la radicalización de clases. Ahora bien, no dejaban de creer que estos nuevos universitarios no fuesen un problema presente y futuro. Su sentimiento frente a su irrupción era agridulce, sabor que a todas luces no apreciaban. En algunos cenáculos del tardofranquismo solía decirse “esto es dinamita”, en referencia a los nuevos estudiantes. Y dinamita fue. A los dinamiteros se les desahució en la Transición. Mal negocio, ya que se tiró por la borda mucha energía e inteligencia. Francia, más cartesiana siempre, envió a sus sesentayochistas a una universidad periférica, la de Saint Denis, pero no prescindió de ellos. Faltaría más.
A lo que íbamos. Llegó la Transición, y medianías de toda sensibilidad política prosperaron al calor del consenso obligado. Se dictaron normas para el gobierno universitario hechas con poco criterio, y sin mirar alrededor, quiero decir, a los sistemas educativos y universitarios de países de más aliento democrático. Cierto que los universitarios, profesores y alumnos que quisieron salir a oxigenarse salieron con facilidad, pero nadie se ocupó de pedirles resultados ni de promover a su vera la excelencia verdadera.
A título de ejemplo, durante una visita de Javier Solana a finales de los ochenta cuando era ministro del ramo al Colegio de España en París, recién reabierto, después de haber sido quemado en los sucesos del 68, dio ánimo a los humildes becarios y profesores primerizos. Todos se sintieron orgullosos y reconfortados. Más de veinte años después, cuando ZP estaba en el poder, su secretario de Estado de Universidades volvió a reunir allí, en el mismo Colegio, a otra generación de becarios, y a un grupo de profesores consagrados. La brecha abierta entre unos y otros no era tanto de edad, ya que los becarios eran maduritos, ni siquiera de ciencia, sino de estatuto laboral y económico. Aquel secretario de Estado berreó algo así como que el problema era que la gente se dormía en los laureles, y que había que poner “incentivos”. Sin darle mucho crédito a lo que decía el gerifalte socialista, alguien le espetó: “Señor mío, hace más de veinte años estuve aquí mismo, y teníamos entusiasmo, al menos algunos; ahora vuelvo, y se me caen las plumas del sombrajo. ¿No ve usted el panorama de becarios ya crecidos? ¿No constata usted que no hemos hecho ningún centro decente, de lo que se llama referencia, de alcance internacional?”. Se ve que le dieron el desayuno al demagogo aquel con la pregunta de marras.
Hay quienes piensan, sobre todo en los rectorados de las mil y una universidades, que no está tan mal la educación superior en España. Sus criterios tendrán. Yo pienso que está mucho peor que lo que se dice, y no porque no aparezcamos en los rankings de Shanghái, que son literalmente un cuento chino, sino porque hay muy poco de lo que presumir… Desde luego, con esto no quiero echar más leña al fuego en la hoguera que ha encendido el ministro Wert, quien ciertamente ha laminado lo poco que destacaba, dejando a su paso a un erial. Pero hay que pensar seriamente, si bien pienso que ya no estamos a tiempo, que la quiebra del sistema universitario en España es de una profundidad extrema. Y es que no se cooptaron a los mejores a su debido tiempo, sino a los clientes de los clientes. Los mismos que cuando llegan a mandarines se consagran al conocido vicio español del clientelismo.
Los estudiantes tienen muchas razones para protestar y en una en la que no les va a faltar razón es que pagan mucho y reciben poco, poquísimo, a veces nada. Con lo cual los que pueden comienzan a abandonar lentamente nuestras aulas para hacer grados y posgrados en el exterior, más motivados que aquí, donde ministro tras ministro han apuntalado el pesebre las más de las veces ocultándolo con grandísimas palabras. Panorama nada halagüeño que me temo están pagando estas generaciones y lo sufrirán las futuras.
Cifuentes, como Gomendio, cree que el sistema universitario “no es sostenible”
ELPLURAL.COM | 03/04/2015 La delegada del Gobierno en Madrid y candidata a la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, cree, como la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio que “el sistema universitario no es sostenible”. La número dos de Wert justificó así su propuesta de sustituir las becas por préstamos bancarios para las familias o el recorte de grados y […]
Cifuentes, sin embargo, ha reconocido que este modelo provocaría que muchas familias no pudieran hacer frente a los gastos de las carreras universitarias de sus hijos. ”Las últimas decisiones que ha tomado el Gobierno no deben suponer una carga adicional para las familias. Habrá que hacer un nuevo planteamiento, sea mediante becas o ya veremos cómo”, ha dicho la candidata a la Comunidad de Madrid en una entrevista con Europa Press, en la que no ha aclarado cuál sería su propuesta.
Culpa a los rectores de la subida de tasas
Cifuentes ha mantenido un doble discurso sobre la universidad pública. Por un lado, ha dicho que debe ser una “prioridad”, pero por otro, ha considera que las universidades estatales han “perdiendo calidad y hay que tomar decisiones sobre su sostenibilidad”.
La candidata popular ha culpado a los rectores de la subida de tasas, ya que, según ha asegurado, han sido las universidades las que han escogido las más altas entre la horquilla de precios que pueden elegir.